La entrega a domicilio ha pasado a ser un modo de vida

Vivimos en un mundo que no soporta la falta. Sea lo que sea que nos falte podemos tenerlo en muy poco tiempo gracias a las entregas a domicilio.

Desde bebidas frescas (SOS Apero entrega en 30 minutos en un horario de 22h a 6h) hasta materiales de construcción (Bati.link), pasando por preservativos, son enviados a través del mundo entero, gracias a un entramado logístico bien desarrollado cuyo foco está en disminuir cada vez más los tiempos de entrega.

La convicción de que todo puede ser enviado está anclada en nuestra cotidianidad por una mezcla de falta de tiempo y pereza, en todo caso, popularizada por modelos de negocio implantados con éxito por Amazon – dominante en Europa- y Aliexpress en Oriente.

En casi 20 años, desde el auge del comercio electrónico de principios de los años 2000, la entrega a domicilio ha pasado a ser un modo de vida. No hace falta preocuparse si falta algo a último minuto o no. Podemos pedirlo todo -ya no importa que sea perecedero- y lo tendremos en el menor tiempo posible.

A menudo, el estilo de vida que acompaña este comportamiento es sedentario. Y está más centrado en el bienestar y la “necesidad” personal que en la preservación del medio ambiente y en el interés por las condiciones de trabajo de los repartidores.

De ambos lados del Atlántico la entrega a domicilio deja huella

En Francia se hace un pedido cada 3 segundos y el 47 % de franceses -según un estudio de Food Service Vision- reciben su comida a domicilio o a la oficina. 84% de ellos tienen entre 18 y 24 años.

El mercado de la entrega de comida a domicilio se estima en 3,3 millares de euros (5% de la restauración total), en progresión de 20% cada año, según el mismo estudio.

Aquellos más conscientes harán sus pedidos en aplicaciones que aseguran entregas libres de CO2 y recomiendan no pedir cubiertos de plástico con tu pedido si no los necesitas.

En Nueva York, se entregan un millón y medio de paquetes por día – uno de cada 6 habitantes recibe un paquete por día- fenómeno tan engorroso en las porterías como los visitantes de Airbnb. Los paquetes se apilan delante de edificios que no son concebidos como centros de recepción.

Algunos edificios han optado por acondicionar grandes salas de paquetes (package room), en los que se diferencia entre los paquetes que llegan y los que salen por causa de devoluciones. El problema del acumulamiento de cajas en las basuras aumenta también a paso elevado.

El COVID impulsó el comercio electrónico

Si la pérdida de negocio de las tiendas y el desmantelamiento de centros enteros de ciudades del mundo ya era evidente antes del COVID, el despegue del comercio electrónico por la necesidad ante el cierre de comercios y la garantía de seguridad sanitaria, han calado profundamente en el modo de vida de muchas personas.

En las áreas de alimentos y bienes de consumo, a menudo con poca presencia en Internet, el cambio ha sido más brutal. Según Nielsen el comercio electrónico captó el 9.8% de los pedidos durante el confinamiento, contra el 5.7% en 2019. Y un tercio de los 2.5 millones de hogares que compraron sus suministros en línea por primera vez tienen la intención de continuar.

Hacia un equilibrio de fuerzas y la búsqueda de opciones

El rol del pequeño comercio es vital para una sociedad no sólo para el aprovisionamiento de productos sean necesarios o no para nuestra subsistencia. Son lugares de socialización, de encuentro, de contacto humano, de construcción de la identidad de las personas.

Existen maneras de añadir componente social a los intercambios de mercancías como ocurre en la plataforma de anuncios Leboncoin, en el que el 80% de las transacciones efectuadas en el sitio web se realizan cara a cara.

También vemos como cada vez más se nos ofrece la posibilidad de recoger envíos en locales físicos. Puntos de enlace entre lo virtual y lo físico que evitan la proliferación de envíos a domicilio.

Esta posibilidad que tiene ventajas considerables desde el punto de vista económico, medioambiental con relación a los envíos a domicilio individuales y de la humanización del comercio, debería ser más desarrollada por las tiendas online. Permitiría aprovechar sinergias entre el comerciante virtual y la tienda física.

Para esto es necesario mejorar las condiciones de remuneración a menudo no muy atractivas para la tienda física, a pesar del gran interés que pueden tener para el comercio electrónico.

El comercio electrónico forma parte de nuestro modo de vida y su implantación irá in crescendo. Pero la sociedad debe contrarrestar sus desviaciones e impulsar soluciones que prioricen nuestra condición humana, garanticen condiciones de trabajo satisfactorias y preserven el medio ambiente.

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